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" El diamante de Mendoza, para disfrutar "


El diamante de Mendoza, para disfrutar

La reserva natural ya se puede visitar hasta que las condiciones climáticas lo permitan.

sábado, 03 de enero de 2009

El camino es como una pequeña línea que cruza el Valle de Uco. Con la llegada de los primeros calores, la nieve ya no ha dejado rastros sobre la jarilla y los álamos de Pareditas, en San Carlos. Al avanzar por la ruta provincial N°40, la planicie aún predomina, pero las montañas se ven imponentes, a la lejanía. 

Después de dos horas de viaje, cuesta arriba hacia el límite con Chile a más de 200 kilómetros al oeste de la ciudad de Mendoza, el trayecto de tierra que lleva hacia la Cordillera de los Andes se vuelve sinuoso y la altura comienza a sentirse en el cuerpo a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar. 

El viaje de ida hasta el volcán Maipo es sólo la antesala de un paisaje que parece coronarse al llegar a sus pies: tranquila y de un azul intenso, la Laguna del Diamante baña de esplendor la aridez de la montaña y da origen al río que lleva su mismo nombre. Al llegar a la reserva natural, a 3.300 metros sobre el nivel del mar, 110 mil hectáreas de naturaleza invitan a quedarse. 

A los costados del camino de tierra, sobre la ruta 98, el aire se siente puro. En cuestión de segundos, las montañas abandonan su marrón uniforme y los colores van variando; algunas muestran un tenue rojizo y más allá un arroyo pinta de verde un valle. 

En la cordillera del límite -tal como se denomina al último cordón que separa Mendoza de Chile- los montes abrazan la inmensidad. El sol ya transformó en agua las nevadas del invierno, aunque cerca de la cima, algunos picos aún conservan el hielo que ha quedado embancado en pozos gigantes. 

Los guanacos, que volvieron a esas tierras después de muchos años, dejan sus huellas marcadas en las laderas y muy cerca de las zonas más húmedas, los pastizales autóctonos dan de comer a caballos, ovejas y vacas. 

Al atravesar Paramillos, a los costados del camino las rocas de gran tamaño parecen puestas estratégicamente, enclavadas con tamaños y formas diversos. Kilómetros adentro, la postal presenta de fondo, a una pared de hielo que parece rasguñada. Entre ondulados caminos y valles áridos, la cumbre del Maipo seduce la mirada y las aguas de la laguna se divisan por partes, imponiendo su frescura, reflejando todo a su alrededor. 

A partir de allí, el camino desciende para dar con este espejo de agua dulce, uno de los principales reservorios de la provincia.
 
La sensación de estar dentro de un gran ?pozo' no es casual, pues ella se asienta sobre la caldera que dejó el volcán hace millones de años. En el cielo, limpio de nubes, los cóndores sobrevuelan los picos más altos. Su danza circular se percibe como si fuera un ritual a la naturaleza. 

 

La joya provincial

Las flores silvestres violetas, amarillas y blancas decoran cada tramo de la cordillera en el entorno que rodea a la Laguna del Diamante. Sus nueve kilómetros de largo por seis de ancho atraen la mirada con un azul profundo. 

De cerca, uno se siente pequeño ante la gran obra que en este valle espera por quienes quieran visitarla. Al mediodía, el viento fresco roza la piel con fuerza a más de tres mil metros de altura y el sol cubre todo a los pies del Maipo, pero la temperatura se siente agradable. 

Sólo el andar de las aguas del río que nace en la laguna irrumpe el silencio al chocar con antiguas rocas. El agua corre fresca y transparente a tal punto que es posible ver las algas que bailan al ritmo de la corriente en las orillas de los cauces. En los alrededores, las piedras volcánicas negras y rojizas dan cuenta de la magnitud del impacto que produjo la erupción hace miles de años. Permanecen estáticas, desperdigadas a lo largo de kilómetros. 

Los guardaparques, que conocen como si fuera su propia casa la reserva, dicen que en el invierno el "Diamante de Mendoza" se congela a tal punto que el hielo resiste el peso de una camioneta. Durante esos días, la acumulación de nieve en toda la zona hace que el acceso del hombre sea prácticamente imposible. 

Ahora, la temporada de visitas ya fue habilitada para mendocinos y turistas. Arroyos, flora, fauna y cerros seguirán allí, intactos, dando la oportunidad de ser apreciados por cuantos deseen al menos una vez en su vida, ver en vivo este paraíso de montaña donde la mano de la naturaleza parece haber dispuesto cada pieza a la

 

Fuente: Diario Los Andes - Mendoza, Argentina.

Autor: Zulema Usach - zusach@losandes.com.ar 


 
   
   

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