
Latin jazz, jazz contemporáneo, ritmos afroamericanos, psicodelia y clasicismo, en cuartetos, tríos y quintetos, dignificaron el género surgido en el crisol del sur de la Norteamérica profunda.
Aunque al cierre de la edición quedaba una noche más de este encuentro dedicado a la memoria de Valdo Delgado y Eduardo Pinto, con la actuación de los sanjuaninos Tito Oliva Trío, los mendocinos 2 Bajo 0 y la banda de Gillespi, ya estaba claro que esta segunda edición del Independencia Jazz se convirtió en uno de los mejores del año en su tipo.
Una de las decisiones más acertadas de la programación fue la selección de los artistas; cada uno con una personalidad diferenciada en su repertorio, con influencias y tendencias girando alrededor del género aunque dando matices de colores muy atractivos al resultado de cada una de las tres noches.
Primer día
El jueves el festival arrancó con Échale Jazz, el cuarteto formado por Marcelo Páez en batería, Mariano Segura en piano, Marcos Martínez saxo y Nicolás Arnáez en bajo, con un latin envolvente que incluyó una lista de temas eclécticos que se deslizó entre una versión XL del tango "Malena" hasta el temazo de Herbie Hancock, "Chameleón", con un sonido expansivo dilatado con la colaboración del percusionista Darío Roldán.
Con un tono completamente distinto, el trío formado por Zurdo Paz en batería, Valentín Cora en guitarra y Yago Agüero en bajo, Ad Libitum, cumpliendo con su nombre, se entregó a un repertorio que alternó riesgos, experimentos y pinceladas descriptivas, pasando de la tempestad a la calma, con canciones como "Después del fin", "Play" e "Itinerrante" y el hit "Crisis", con duelo entre Luciano Guitiérrez, el saxofonista invitado y la guitarra de Cora.
El cierre fue responsabilidad de una de las visitas importantes del festival, Guillermo Vadalá, el músico Fito Páez acompañado por dos entidades referenciales del jazz como Javier Lozano en teclados y Jota Morelli en batería, con material de su disco "Bajo piel" y uno cocinándose, "Lumbramiento".
Las canciones "Bajo piel", "L.A.", "Vodoo", "Cielo porteño", "Deforme", todos con envoltura funk fusión, demostraron por qué Vadalá es el mejor contrabajista de su generación y uno de los compositores prolíficos del ambiente nacional.
Su show incluyó un final apoteótico con Luciano Gutiérrez como saxo invitado.
Se va la segunda
Aunque lo suyo no fue jazz, el trío formado por el percusionista Quique Oësch, los vientos de Seba Alcaraz y el bajo de Laureano Melchiori, iniciaron el periplo marcadamente prismal del festival, pintando la aldea afrolatinoamericana con hermosas y paisajistas canciones de raíz, describiendo una vista panorámica con sonidos del Altiplano bolivano, la cultura mestiza y la Puna argentina.
En el día de su cumpleaños, Oscar Puebla y su trío formado por Pablo Quiroga en batería y Yago Agüero en bajo, rescataron lo latino en el jazz con toques psicodélicos, a veces furioso, a veces rélax de su repertorio con "Días urgentes", que Puebla compuso junto a Valdo Delgado, "Francis" y "El dedo en la ventana", canción cabalística del grupo.
El trío, que reapareció luego del alejamiento de Leo Mutt, desembarcó su artillería de mixturas rockeras y de géneros mulatos y sambos muy rico en arreglos, despidiéndose con el bis "¿Por qué tan rápido?".
El final del día fue una explosición. La banda de Mariano Otero, es decir, el trompetista Juan Cruz de Urquiza, el tecladista Francisco Lovuolo, el saxofonista Rodrigo Domínguez y el baterista Sergio Verdinelli, sacudieron la Sala Mayor con una energía avasalladora.
El talentoso contrabajista de 32 años trajo músicos increíbles que hipnotizaron al público con un repertorio sin fisuras que recorrió lo mejor de la lista de temas de sus cinco discos editados a la fecha, incluyendo el magnífico "Mariano Otero en vivo en Medio y Medio", nominado dos veces al Gardel.
Otero, tan carismático como la música que vino a tocar, mixturó clasicismo, actualidad y personalidad con temas que se deslizaban entre la intimidad, el desparpajo y la épica jazzística a través del tributo a los grandes del género en "Brown", el alma urbana de lo contemporáneo, el sentimiento de la balada en "Flow" (dedicada a su mujer, Florencia Peña), permitiendo el lucimiento en distintos pasajes de cada uno de los "monstruos" que lo acompañaban.
"Sed", "Rebel", la epopéyica "Espíritu" fueron puntos álgidos de su colección de temas. Así como su obligado bis, "Hantraine", una fisión Hancock-Coltraine, aplaudida de pie. Final de lujo para un festival que enamoró a los seguidores del jazz. Una pena la poca gente (300 las dos primeras noches)./Pablo Pereyra
Fuente: Diario Los Andes - Mendoza, Argentina. Autor: Diario Los Andes - Mendoza, Argentina.
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